Niños soldado
El hermano Jorge reflexiona sobre cómo «viven» los niños de África, a diferencia de los de México…
Estoy pasando un tiempo en la casa familiar de mi pueblo. Es un caserío en la sierra de Hidalgo y a un paso de la caliente y húmeda Huasteca Hidalguense. Compartiendo mi tiempo con los vecinos, familiares y amigos, noto que, de lunes a viernes, se repite lo mismo. Me explico: entre las 7:15 y las 8:30 de la mañana desfilan por la callecita central de mi pueblito, primero, los alumnos de la telesecundaria, unos todavía niños y otros en una incipiente adolescencia, más muchachas que varones; luego, los de primaria en vistosos uniformes rojo y azul; y al último, los pequeñines del jardín de niños, a estos siempre los acompaña un mayor, ya sean sus papás, hermanos o vecinos que se prestan a hacer el favor.
Una triste comparación
¿A dónde quiero llegar? Iluminando esta estampa común en todo el país, es sorprendente la enorme diferencia con otros lugares, allá lejos, en los países africanos donde he estado ya por 15 años. Aquí los veo limpios y bien vestidos, cargando unas enormes mochilas llenas de cuadernos y libros, lápices de colores, etcétera. Los niños han llegado a ocupar un lugar importantísimo para la sociedad mexicana, son el centro de atención sobre todo en la educación y en el bienestar, claro con sus excepciones (niños de la calle).
Bien, siguiendo esta línea, me lleva a la triste comparación con grandes masas infantiles del norte de Uganda, el Congo, Etiopía y el mismísimo Sudán; donde los niños no tienen todavía la oportunidad que por derecho les corresponde de ser el centro de atención de sus sociedades, como ejemplo, cuando el Ejército de Resistencia Nacional (NRA, por sus siglas en inglés) los soldados de Yoweri Museveni tomaron Kampala, la capital de Uganda, el 26 de enero de 1986, un gran grupo de los soldados que la sitiaron y luego triunfalmente la tomaron eran niños, vi algunos que apenas rebasaban los 10 u 11 años, con un rifle Kalaskinov al hombro, con el uniforme verde olivo del ejército, con camisolas y boinas que les sobraba la mitad, descalzos o con unas humildes sandalias.
Las guerrillas en África
Ahí mismo, en ese país, desde 1987 la Guerrilla del Ejercito de Salvación (LRA), comandado por Joseph Kony, a través de las últimas décadas ha llegado a secuestrar a millares de niños y niñas incluidos los centros educativos para usarlos como carne de cañón en el frente de batalla, como servidores y hasta como objeto sexual. No lejos andan las guerrillas del Congo y recuerden la Liberia de Charles Taylor en que las líneas de avanzada de las peores batallas eran cientos de niños bajo los efectos del alcohol y las drogas.
Me encontré con el texto de un periodista polaco Ryszard Kapusciñski en uno de sus libros (Ébano), que todas las guerrillas de los países africanos están formadas por niños que son tomados de las calles o de sus pueblos y luego puestos en los más aterradores lugares de las escaramuzas y batallas porque, dice él, «cuando ellos, niños y niñas quisieran asistir a la escuela, no cuentan con lo más indispensable como un lápiz y una libreta».
Es poco lo que UNICEF y algunas ONG’s que prestan sus servicios en estos países pueden hacer: el diálogo con los líderes guerrilleros es poco menos que inútil. Hace algún tiempo, aquí en México, un niño de cuarto de primaria me repetía memorizados los derechos de los niños aprobados por la ONU. Ojalá, esto nos ayude para reflexionar acerca de cómo «viven» los niños en algunos países africanos y también en otras partes del mundo, y que para los niños soldado sean, algún día, parte de la historia.
Jorge RODRÍGUEZ F.
Sudán
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